15 marzo, 2014

Marihuana, ¿legalizarla, despenalizarla o criminalizarla?

Hacer turnos en urgencias los sàbados en la noche permite ver con regularidad el impacto y las consecuencias del uso de diferentes drogas
Muchos consideran inocuo el consumo de cannabis,pero pocos conocen o reconocen las consecuencias,en accidentes de trànsito,riñas,deliceuncia etc
Comparto este interesante post de Blog del BID ,muy útil para el debate que comenzará en Chile con toda seguridad
marihuana
La legalización de la marihuana es un tema controversial y por esto no pretendemos tener una respuesta o una posición. Sí queremos proporcionar información que resulte útil a la hora de opinar.
Desde 1961, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes ha limitado el uso de cannabis para propósitos médicos y científicos pero a partir de 1988 se recomendó que la producción, distribución, posesión o compra de la marihuana fuera ilegal. Hace ya algunos años, países como Australia, Holanda, Portugal, España y 16 estados de los Estados Unidos comenzaron en mayor o menor medida a debilitar esta prohibición. A finales del año pasado, Uruguay se convierte en el primer país en legalizarla y, a partir de esta decisión, otros como México y Puerto Rico comenzaron a reexaminar su posición, aunque aún no es claro si buscarán la legalización o la despenalización.
Cuando se habla de legalización, se habla de dar al estado el control y regulación de las actividades de importación, exportación, cultivo, cosecha, producción, adquisición, almacenamiento, mercadeo y distribución de cannabis y sus derivados. En Uruguay, la principal motivación para la legalización fue el combate al crimen organizado a través de la reducción de sus ingresos; mientras que en algunos estados de los Estados Unidos, la legalización permite el uso de cannabis para fines médicos y no recreativos. Miremos algunos datos:
  • La marihuana es de las drogas más utilizadas en el mundo. Las Naciones Unidas estiman que hasta 190 millones de personas la consumieron en 2007. En las Américas, la prevalencia del uso  en el 2011 varió de 0,3% en Guatemala a 30% en Canadá; Uruguay tiene un porcentaje de 5,1. La edad promedio de inicio es de 18 años y tiene un riesgo de 10% de convertirse en adicción, a diferencia de la nicotina que tiene 32%, el alcohol 15% y la heroína 23%.
  • Un problema que no se puede soslayar es que la edad de inicio del consumo de marihuana es la adolescencia. En este grupo de edad, que todavía está en pleno desarrollo, el riesgo de abuso y dependencia es mucho mayor que en edades posteriores. En Europa se han analizado las consecuencias legales y para la salud de la iniciación en el consumo de cannabis en adolescentes menores de 16 años; los estudios reportaron mayores niveles de utilización, mayor riesgo de consumir otras drogas ilícitas, mayores tasas de lesiones físicas y de manifestaciones psicosomáticas, desempeño escolar pobre y mayor tendencia a la delincuencia.
  • Los especialistas en adicciones afirman que la legalización puede enviar el mensaje erróneo de que consumir marihuana no representa riesgos, lo cual a su vez puede generar la percepción equivocada de seguridad y fomento del consumo.
  • El uso de la marihuana con fines terapéuticos es aún controversial. Los compuestos psicoactivos presentes en la planta de marihuana son utilizados como antinflamatorios, remedio contra el dolor crónico y neuropático, tratamiento para la diarrea, la artritis reumatoide, el VIH/SIDA, el glaucoma, la epilepsia, la reducción de infarto cerebral y como adyuvante del tratamiento de cáncer (se ha identificado que inhibe el crecimiento de células cancerosas y de las metástasis y el vómito secundario a los tratamientos de quimioterapia). A pesar de esta amplia gama de usos, no se sabe aún  si  su uso se puede generalizar,  es decir,  se desconoce si sus potenciales beneficios superan los riesgos de su uso médico. Las recomendaciones se orientan hacia realizar más estudios de investigación.
  • Paradójicamente, la prohibición del uso y consumo de cannabis también ha desacelerado la investigación sobre el tema, principalmente en países desarrollados. Esto ha limitado un desarrollo farmacológico robusto con miras a industrializar esta substancia. El aumento de fondos disponibles para investigar las consecuencias sociales y físicas y los efectos (positivos y negativos) farmacológicos, generaría mayor evidencia y permitiría una mejor regulación sustentada en datos confiables.
  • Desde un punto de vista fiscal. El público debe tener un amplio acceso a información  basada en evidencia científica para no subestimar las consecuencias adversas. Tanto las campañas preventivas como los centros públicos de apoyo a personas adictas dependen económicamente de impuestos. Se ha planteado que la legalización permitiría que una parte de los ingresos derivados de impuestos a la marihuana pudiera asignarse a fortalecer las actividades de prevención y tratamiento de personas dependientes.
  • La aprobación pública para el uso de marihuana es diversa en los distintos países. Las encuestas en Estados Unidos indican que el 52% de la población está a favor de la legalización y un sondeo realizado por la empresa IPSOS en Latinoamérica  reportó que las proporciones de aceptación son diversas: Chile (30%)  Argentina (27%), México (23%) Colombia (13%), Perú (11%) y Bolivia (11%).
Tal como mencionábamos, la decisión del gobierno uruguayo de legalizar la marihuana eventualmente será evaluada para determinar si efectivamente logró su cometido de reducir el crimen y la violencia asociados al comercio ilícito de las drogas y también para saber si cumple la perspectiva de ingresos fiscales adicionales. Algunos medios han considerado al caso de Uruguay como experimento sociopolítico encaminado a reducir el devastador efecto colateral de las drogas.
En los países de la región, las regulaciones sanitarias y la capacidad de promover que éstas se observen son desiguales debido a restricciones presupuestarias, limitaciones organizacionales e incipientes sistemas de información en salud. En conjunto, estas limitaciones representan grandes desafíos por superar y que deben anteceder iniciativas como la legalización de la marihuana.
Si bien se desconoce si la legalización incrementaría el número de personas adictas, su posible legalización representaría también la necesidad de realizar estudios para identificar el potencial impacto en la demanda y determinar una oferta de servicios de salud congruentes con estos cambios.
Evidentemente la encrucijada tiene todavía más preguntas que respuestas, es indispensable que podamos plantearnos las preguntas correctas para aportar evidencia útil al debate. 
Tomado de Blog Gente Saludable
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