21 octubre, 2008

¿Es, o no, negligencia la muerte de nuestra hija?

Un amigo periodista y sacerdote me pidió difundir este caso que comparto con ustedes.
Dr. José Luis Contreras



Somos padres de un angelito, nuestra Valentina, de sólo tres años, quien desde hace interminables casi dos meses ya no está entre nosotros;



por lo menos su presencia ya no es la de los cantos, los juegos, las travesuras, el jardín infantil, los besos…

Desde su fallecimiento el 23 de agosto último hemos tenido que intentar aprender a sentir su presencia de una nueva manera que nos causa profunda tristeza; dolor que a menudo pareciera llevarnos a estados de pesadilla y locura. Es el sufrimiento de todos aquéllos que han perdido un hijo o una hija, pero agudizado por la certeza de que esta gran pérdida está atravesada por una negligencia médica. Sin duda es nuestra confianza la que ha sido vulnerada. Nuestra confianza en la salud pública y en el Estado de Chile, del cual ella depende.

Y hablamos con certeza y legitimidad de una negligencia médica porque, ¿no es negligencia que nuestra Valentina:
*Haya sido operada en el hospital Padre Hurtado de una apendicectomía que una vez realizada arrojó una apéndice en blanco?
*Que sólo haya estado hospitalizada en posoperatorio un día y medio sin tener un diagnóstico preciso?
*Que al segundo día de estar en casa continuara con los síntomas que presentó antes de la operación: vómitos, fiebre y dolor abdominal?
*Que al llevarla nuevamente al servicio de urgencia del hospital Padre Hurtado se negaran a hospitalizarla sin realizar ningún tipo de examen médico, porque sólo presentaba, según ellos, una infección intestinal?
*Que la hospitalizaran al día siguiente por nuestra insistencia, y sólo cuando Valentina vomitó sangre?
*Que una vez hospitalizada en servicio intermedio estuviera dos días sin realizarle ningún examen que permitiera determinar su enfermedad, porque era fin de semana largo?
*Que recién cuando se encontraba en extrema gravedad y con riesgo vital, conectada a máquinas e inconsciente, se haya podido determinar tardíamente un diagnóstico de SHU-PTT?
*Y más aun, que una vez fallecida, el certificado de defunción que extendiera el patólogo haya sido rechazado por el registro civil porque el profesional remarcó letras y llenó datos en el documento que no correspondían, demorando los trámites del cementerio?
*Y que a la fecha del 7 de octubre aún no estuviera el resultado de la autopsia, cuando señalaron que estaría en tres semanas?

Para nosotros, nuestros familiares y amigos, es evidente que existió una negligencia médica. No obstante, existe un vacío legal grosero que impide llevar el caso de nuestra hija y el de tantos otros a los tribunales de justicia.
Lo repetimos: es nuestra confianza la que ha sido transgredida.
Somos parte de una gran cantidad de chilenos que no tuvo la oportunidad de llegar a ser profesionales, pero en lo que hacemos a diario damos lo mejor de nosotros. Aun entre aquéllos que han tenido la posibilidad de alcanzar una carrera profesional, no todos son a la vez médicos, abogados, periodistas, sicólogos, sociólogos, etc. Aquello en lo que no nos hemos formado profesionalmente se lo confiamos a otros que sí hicieron esa opción. Es así como funciona esta sociedad: se basa en las confianzas. Y el Estado, al optar por mantener el servicio de salud pública, nos exige implícitamente que confiemos en él. Y es lo que hicimos. Nunca pensamos que nuestra niñita, tras ingresar con dolor abdominal, fiebre y vómitos pero caminando, conversando y a ratos jugando, nos sería devuelta finalmente en un ataúd.

Por eso presentamos este reclamo ante el Estado de Chile, que en materia de salud pública aún está en deuda con una gran cantidad de chilenos, y ahora también con nuestra niña. Muchos más han sido decepcionados. Sabemos que los enfermos graves esperan horas y días enteros en pasillos; que a las mujeres les hacen esperar lo inesperable por no gastar más dinero en una cesárea; que los enfermos menos graves esperan meses por una hora de atención o pabellón. Sabemos que los profesionales no son, en su mayoría, los más competentes, etc. Sabemos que no pocos mueren. No obstante, sabemos también que hay millones de dólares del patrimonio público invertidos en el extranjero. Sin duda, ser previsores siempre es bueno; pero sólo se puede ahorrar dinero cuando se han cubierto las necesidades en aquellas áreas del desarrollo social que son de primera índole.

Han faltado a nuestra confianza; están jugando con la vida de las personas; con nuestros días, con nuestras noches; están causando nuestros desvelos, están causando nuestro dolor.

Valentina pesará siempre sobre sus conciencias.




PATRICIA ALVARADO M. RENE ALARCÓN N.
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