01 junio, 2008

Prohibición de bebidas en escuelas: un conflicto con solución saludable


Tomado de web
¡A comer sano, a vivir bien y a moverse América
Muchas iniciativas en nuestra región se vienen planteando la prohibición de la venta de bebidas en las escuelas. Y es que la obesidad infantil ha venido aumentando de manera particularmente severa entre los más jóvenes. Pero, y pese a lo que afirman muchas de estas iniciativas, más que lograr una reducción efectiva del consumo de calorías, el efecto de una prohibición de este tipo es de carácter cultural y profundamente simbólico. Hace no mucho, tomarse una bebida era algo especial, algo que los niños hacíamos cuando salíamos a comer con nuestros padres y luego con nuestros amigos. Pero en algún momento, posiblemente gracias a la magia del marketing, esto cambió y tomarse una bebida se convirtió en una prerrogativa diaria. El hecho de que estas bebidas , que muchas veces no se consumen en casa, se vendan en las escuelas no sólo reafirma su condición de “alimento diario”, sino que también recibe la bendición indirecta del sistema escolar.

Una lata de 355 ml. de bebida contiene agua carbonatada, saborizantes naturales y artificiales, un poco de cafeína y alrededor de 17 cucharadas de azúcar, que juntos suman 250 calorías. Esto sumado a una dieta rica en grasas y carbohidratos nos dice mucho del porque de la epidemia de obesidad.

Si bien es cierto que la prohibición de vender bebidas en las escuelas no va a mejorar considerablemente el contenido calórico del menú escolar (que muchas veces es comida chatarra), estas perderán ubicuidad y sobre todo el respaldo institucional del sistema escolar. Es de esperar que surjan reacciones negativas frente a una prohibición tanto por parte de las escuelas, que sienten que perderán fuentes de ingreso, como de parte de una industria que piensa que “el sistema escolar es el mejor lugar para cultivar lealtad a la marca.”

Pero como la mayoría de las cosas, todo tiene arreglo, y después de un periodo de reclamos la industria se adaptará. Más aún, las grandes productoras de bebidas tienen ya un arsenal de productos alternativos, muchos de ellos ciertamente saludables, listos para reemplazar a las golosinas liquidas. De otro lado, la industria va a seguir necesitando colocar sus productos en las escuelas, con la diferencia de que en lugar de Fanta se ofrecerá jugo de naranja, y por lo tanto las escuelas no perderán esa fuente de ingresos. La diferencia es que esta vez no tendrán la necesidad de respaldar a un producto del que, de acuerdo a JoAnn Hattner, R.D., nutricionista de la Universidad de Stanford y portavoz de la ADA. "Con toda honestidad, es difícil encontrar algo bueno que decir… excepto que tienen buen sabor".

Cuando sea Alcalde de la Comuna de Estación Central,será una de las tantas medidas que tomaré en la administración de los Colegios.

Publicar un comentario